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La Trasera

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La ventana


Mañana otoñal.

Cristal que al muro muestra

poetas sin voz.

MNW.

 

    Acontecía una breve mañana, idónea para hablar acerca de géneros inherentes en su brevedad. Recordé que hacía más o menos un año que escribí mi primer haiku mientras José María Parreño nos acercaba a estos fugaces poemas de la mano de autores japoneses como Matsuo Basho o Kobayashi Issa, del mismo modo que latinoamericanos de la talla de José Watanabe o Juan José Tablada.

    Con reminiscencias a la época del año o la naturaleza considero que la magia de estos escritos confluye del silencio y del vacío que envuelven a la composición, tal como sucede con el arte y la propia organización espacial que abraza a la cultura oriental, en la que el género encuentra su origen. La fugacidad que contienen se refleja en las tres huidizas líneas que expresan un momento, y que nos llevan a sumergirnos en letras que atestiguan su funcionalidad de la misma manera en lo que lo haría una fotografía. Singularizados por un carácter visual que nos remite al instante vacío de metáforas, en lo que lo representado es nada más y nada menos que lo que se ve, son su sencillez y compaginada complejidad las que adquieren un protagonismo simultáneo en los versos. Es esto el ver algo parado, como si de una naturaleza muerta se tratase, sacado de lo cotidiano y asistiendo a una contemplación descriptiva de lo que pase ante nuestros ojos y queramos transformar en imperecedero.

    Leímos también algunos poemas de William Carlos Williams, quien mantiene la particular esencia del haiku en sus composiciones. Tanto el autor como su carretilla roja se convirtieron en un gran hallazgo, ya que personalmente desconocía por completo su obra. Pasamos así a un nuevo género: las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, también breves y nacidas de la suma del humor y la metáfora. Suelen caracterizarse por presentar un fuerte diálogo surrealista, ya que la clave a la hora de componerlas está en acceder a asociaciones visuales de imágenes, invertir relaciones lógicas o asociar libremente conceptos contrapuestos. La cuestión es, más bien, cómo no iba a surgir algo que no fuera surrealista de ahí.

    Para finalizar proseguimos con la lectura de nuestros propios poemas, que en esta ocasión se inspiraban en el recital del poeta Fernando Beltrán al que asistimos. Hojas de otoño, nostalgias, tazas, llueves y ahora ya viernes. Palabras comunes que eran nuestras y se mezclaban con otras, con el reflejo de la luz que entraba por la traslúcida ventana que enmarcaba la fotografía de un muro. El atento muro, de color otoño, nos miraba gesticular poesía a través del cristal.

Mari Nieves Vergara Vázquez.

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Iceberg (parte 1)
El lunes 12 de noviembre a las 18:30 Ignacio Chávarri y Bernardo Sopelana, los comisarios de Iceberg, hicieron una visita guiada de la exposición, parece que el proyecto ha despertado un gran interés pues fuimos bastantes los visitantes que asistimos.
Últimamente encuentro que se ha vuelto común relacionar fenómenos geológicos o geográficos con procesos artísticos, además cada vez más se piensa el comisariado como una forma de ‘cartografiar’ un territorio. Iceberg se define como un proyecto que reflexiona en torno al contexto actual de la creación artística madrileña. Un Iceberg como un témpano de hielo flotante que se ha desprendido de un glaciar, ¿cómo abarcar un lugar tan complejo como Madrid en una exposición de 17 artistas? Un Iceberg como un objeto que navega solitario en medio del océano, ¿es verdaderamente posible configurar una mirada común? Un Iceberg como un bloque hermético, compacto pero que igual terminará por deshacerse.
Nos cuentan los comisarios que un iceberg es imposible de cartografiar, el iceberg es cambiante, su forma va mutando y su ubicación va cambiando a medida de que se desplaza. Pero también un iceberg solo revela en la superficie una mínima parte de su volumen. De alguna forma esta imagen sirve a los comisarios como metáfora de lo que ha sido concebir una exposición como ésta, ellos invitan a varios artistas que consideran apropiados, conocen su proceso y su trayectoria, y cada uno de ellos desarrolla una obra especialmente para la exposición. El resultado de todos modos es imprevisible, vemos obras autónomas en si mismas, que hacen parte del universo propio de cada artista, obras que aparentemente no tienen mucho en común pero que, en conjunto, intentan conformar una mirada.
La exposición pretende definir un contexto que se sabe de antemano inabarcable, hablar de lo que sucede en Madrid en un momento específico en que están sucediendo tantas cosas resultaría una labor titánica (de hecho el Titanic se estrelló con un iceberg), un contexto tan complejo y variado como el madrileño no se puede condensar en 17 obras, esto lo sabemos todos, igualmente tratamos de ver qué puntos tienen en común estas piezas. Esta es una exposición de una generación de artistas jóvenes, que empiezan a tener cierta visibilidad. De artistas que la mayoría estudiaron en nuestra facultad y que viven en Madrid, podríamos intentar encontrar unas líneas temáticas comunes, aunque a primera vista no sea tan evidente.
Por una parte, los artistas son relativamente jóvenes pero sus discursos y técnicas no distan tanto de los usados durante la últimas décadas, casi todas las obras podrían haberse hecho en cualquier lugar del mundo, apelan a imaginarios universales, a excepción quizás de los trabajos de Cristina Llanos y Françoise Vanneraud, dos artistas que trabajan con situaciones reales del contexto de la ciudad. La obra de Llanos recrea una banca de un parque de Madrid que sus habitantes reubicaron para poderse reunir, y la obra de Vanneraud consiste en una instalación de dibujos hechos a partir de testimonios de los habitantes de Tetuán.
El imaginario de la ciencia aparece en obras como las de Carlos Fernandez-Pello, o Julio Adán, sus obras parecen experimentos científicos que tras el artificio técnico dejan entrever un lado poético y nostálgico. En el caso de Almudena Lobera o Teresa Solar las artistas reflexionan en torno al punto de vista del observador, invitan a pensar sus obras como escenografías que la mirada fija del espectador no puede abarcar.
Es de resaltar que tres de los artistas trabajan pintura de gran formato, me gusta encontrar este retorno a la pintura, ya que en el tiempo que llevo viviendo en Madrid no he visto ninguna exposición de artistas jóvenes que pinten, sin embargo en la facultad veo a muchos estudiantes pintando con entusiasmo. El trabajo de Nacho Martín Silva Nada volverá ser como antes, un retrato familiar destruido a hachazos en el suelo, o la pintura de Luis Vasallo La inauguración y la serie de cuadros de José Díaz son trabajos pictóricos que reflexionan y cuestionan la pintura misma como objeto y como forma de representación, sin dejar por ello de estar cuidadosamente trabajados y ser muy agradables visualmente.
Si bien intento sugerir lazos de unión entre algunos trabajos, cada visitante hará relaciones diferentes a partir de su interpretación y sus gustos. ¿Son estas obras reflejo de lo que está sucediendo actualmente en nuestro entorno? ¿O cada artista construye un universo propio al margen de su contexto? Pienso que Iceberg es un proyecto muy valioso para el escenario cultural madrileño, es maravilloso que los artistas hayan contado con un presupuesto y total libertad para desarrollar sus trabajos; sin embargo me pregunto cómo se configura la curaduría alrededor de estas obras tan diversas y autónomas. ¿Es válido negociar contenidos entre artista y comisario en aras de construir un discurso común? ¿Cómo se pueden entender estos trabajos en conjunto? ¿Dialogan verdaderamente entre si?
El 3 de diciembre el equipo de Iceberg y varios artistas de la muestra vendrán a La trasera. Espero que sea una buena oportunidad para volver a entrar en diálogo con este proyecto que muestra el trabajo de artistas que en su mayoría han estudiado en la facultad y que han encontrado la forma de abrirse campo en la escena artística madrileña.


Margarita García


Estudiante del Master en Investigación, Arte y Creación de la Facultad de BBAA de la UCM


margaritagarcia.net

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entornoaiceberg.tumblr.com/

Gentrificación no es un nombre de señora, es el nombre de un proyecto del colectivo Left Hand Rotation, que impartieron un taller el miércoles 17 de octubre en la Trasera de la Facultad de Bellas artes.

En las dos primeras horas del taller LHR desgranaron el análisis de este fenómeno glocal (global y local) cuyo efecto es un desplazamiento producido por los movimientos especulativos en los centros de las ciudades. Este fenómeno exilia a los habitantes históricos de los barrios para acoger a nuevas tribus con mayor poder adquisitivo. Las últimas dos horas las destinaron a mostrar la exposición contando anécdotas sobre la documentación generada en las distintas intervenciones realizadas.

Llaman la atención un conjunto de características que definen a este colectivo y su trabajo:

La estricta profesionalidad en cuanto al proyecto se refiere, esto es, una documentación y conocimiento exhaustivos de la cuestión tratada.

Una actitud abierta y sin prejuicios a la hora de realizar una tesis sobre un problema actual, una conexión directa y descarnada pero sin ambages con las razones últimas de los hechos.

Una amplia capacidad comunicativa apoyada sobre la búsqueda de fórmulas gráficas frescas para explicar complejos procesos y el humor (a veces negro) con el que se plantean algunas de sus acciones.

Una gran libertad creativa que entiende el medio de expresión como herramienta y no como fin.

Una fuerte y defendida vocación de independencia y espíritu colectivo, algo que refuerza su invitación abierta a participar en sus proyectos a todo aquel que tenga interés.

Convocar a 80 personas no es habitual pero es posible. Mantener a 80 personas en un hilo escuchando durante 2 horas sin oír ni un tosido no es inhabitual, es extraño.

Esta atmósfera no es casual, puedes comprobarlo por ti mismo. La exposición estará en la Sala de Exposiciones hasta el 26 de Octubre.

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www.lefthandrotation.com

Texto: Javier Chozas www.javierchozas.com

Alumno de Master en Investigación en Arte y Creación

GENTRIFICACIÓN NO ES UN NOMBRE DE SEÑORA (O CÓMO NOS CAMBIAN DE SITIO).

La tendencia cada vez mayor de participar y colaborar en proyectos colectivos se presenta en la actualidad como el medio quizá más eficaz donde el trabajo artístico, junto con otras disciplinas, construye marcos para la reflexión activa, siempre atento a los intersticios y cambios sociales que se están produciendo en este tiempo tan convulso que nos ha tocado vivir. Comprender lo que está sucediendo dentro de nuestro ámbito cotidiano y tomar parte de ello a través de  líneas de acción y pensamiento abiertas, de interrelaciones fructíferas, de creaciones contextuales que ponen en el punto de mira  estas transformaciones mediante la implicación del arte en el marco socio-político, produce un efecto revitalizador, un impulso creativo  que contribuye, sin duda, a imbuirnos en nuevas perspectivas de lo real o señalarnos dónde está el árbol que el bosque nos impide ver.

Este es el caso del colectivo Left Hand Rotation, con el taller “Gentrificación no es un nombre de señora” inicidado en la Universidad de Bilbao, plataforma sin ánimo de lucro, al margen de los circuitos del arte. Un colectivo que nos hace girar en dirección contraria para dar nombre a aquello que, silenciosamente, acontece y modifica  sistémicamente el lugar, el espacio, el hábitat ecológico y socio-cultural urbano. Y ese nombre (un tanto extraño de pronunciar y de traducir) no es más que “Gentrificación”.

Pero ¿qué quiere decir realmente? Left Hand Rotation, a partir de un extenso estudio, riguroso y multidisciplinar, nos dan las coordenadas para entender un proceso que, por un lado desplaza a los vecinos de su lugar (barrio) de origen debido a una revalorización económica del suelo y, por otra, instrumentaliza la cultura como capital simbólico. Este fenómeno, fruto del cambio paradigmático que supone la globalización, tiene sus efectos más inmediatos en los espacios locales, donde según la gentrificación va avanzando y culminando sus fases, se produce un efecto de pérdida identitaria de los distintos territorios urbanos donde se expande (normalmente barrios de clases populares, depauperados, en cuya horquilla de edad predomina la tercera edad, sector a su vez, más vulnerable al hecho de gentrificación).

Poniéndonos en antecedentes (que se remontan a las teorías de Engels en pleno apogeo de la Revolución Industrial y que, ya en el siglo XX, serán foco de estudio por parte de algunos sociólogos, como por ejemplo, Ruth Glass y su indagación acerca de los procesos de transformación de Docklands, en Reino Unido), la gentrificación (asociada a la manipulación así como a la especulación-por llevar a cabo operaciones de inversión y revalorización del suelo – o a la museificación-por “enmarcar” los centros históricos de las ciudades y convertirlos en entes-espacios fosilizados y estáticos) tiene como brazo ejecutante el mercado inmobiliario que ayuda a crear las llamadas “ciudades-marca”, ciudades que abrazan el logotipo como símbolo identitario, ciudades despojadas de Historia e historias, punto final de un largo proceso de transformación espacial y segregación ciudadana. Como juego de máscaras, sin embargo, el proceso gentrificador abraza la cultura, convirtiéndola, mediante el vaciamiento de su significado, en eslogan y vasalla de los intereses mercantiles y especulativos de las empresas inversoras.

DEL BARRIO A AL BARRIO B. FORMAS DE GENTRIFICAR.

Ante este dilema, el colectivo Left Hand Rotation nos proporciona un esclarecedor análisis. Aún reconociendo los aspectos positivos de la gentrificación como “rehabilitador” de los barrios, este factor se vuelve quizá un arma de doble filo considerando que, paralelamente al fenómeno renovador del espacio, se produce una segregación dentro de la ciudad mediante la división vecinal (habiendo defensores y detractores del proceso de transformación), así como la exclusión producida por la imagen espacial y su reconfiguración simbólica.

Basándose en la ley de la oferta y la demanda (eje vertebrador del libre mercado), este modelo de reordenación urbanística plantea dos preguntas: ¿se ofertan este tipo de barrios mediante las instituciones o se demandan?

Para poder responder a esta incógnita (o incógnitas) debemos prestar atención a la asociación  entre el capital económico de una clase social y su relación con el entorno, ya que  las clases altas controlan el espacio, mientras que las clases de un estrato social más bajo se articulan a través de la solidaridad vecinal. Esta situación nos lleva a concluir que, básicamente, una transformación como la que tratamos aquí, se basa en una demanda con muchos condicionantes, como la intervención pública mediante políticas de privatización que reconfiguran el espacio urbano prolongando las diferencias sociales (un ejemplo muy clarificador es el caso de la planificación urbanística de Madrid en los años 40 del siglo XX, donde el norte de la ciudad era destinado a la burguesía, el centro al comercio y el sur a la clase obrera). Sin embargo, al tratar la otra cara de la moneda, la oferta, caemos en la cuenta de un problema fundamental: la  elección del espacio  de las clases sociales. Los estratos más altos o medio-altos (debido a sus ingresos) tienen esta capacidad frente a las clases más pobres. El capital económico jerarquiza, divide y secciona la ciudad.  La gentrificación y sus estrategias perpetúan las desigualdades, las desplazan y reorganizan.

“LA CULTURA ES NUESTRO PETRÓLEO” O LA CULTURA COMO INSTRUMENTO.

Con esta cita de Jack Lang, ex ministro de François Mitterrand, nos zambullimos en el papel que juega la cultura en el proceso de gentrificación. Si, como hemos apuntado anteriormente, la inversión inmobiliaria es el brazo ejecutante, la cultura juega el papel de mascarada o de barniz de retoque. Para explicar esta utilización de la cultura como capital simbólico, Left Hand Rotation nos introduce las teorías de Richard Florida y su idea más relevante: la existencia de una clase social alternativa a la estratificación tradicional: la clase creativa, formada por artistas, fabricantes de opinión y actores de la cultura, que proporcionan, junto con la revalorización económica, el crecimiento de un foco urbano concreto y cuyo credo se ampara en las llamadas “3 T”: tecnología, tolerancia y talento. Es lo que se conoce como BOBO (burgués bohemio) o Hipster, el nuevo habitante del espacio gentrificado, gentrificador potencial e indirecto. Capital económico y cultural actúan, codo con codo, como valores diferenciales, de distinción y segregación social.

TRABAJOS Y EJEMPLOS.

Mediante algunas muestras en distintos puntos del mapa podemos observar cómo se materializan estas sinergias propias del paradigma globalizador. Algunos casos que nos muestran Lolo y Sara, dan cuenta no sólo de la culminación de este fenómeno, sino de las fricciones que se producen durante el proceso.

A)     CENTRO DE BOLONIA.

La ciudad italiana sufrió dos momentos de transformación. Uno durante los años 50, donde se  llevó a cabo un método de triple conservación del hábitat (en sus comercios, tipologías de viviendas y habitantes) y otro en el año 73, con motivo de la construcción de la universidad trayendo como consecuencia la modificación del sector terciario y desplazando, en la actualidad, a la población original.

B)     SOHO Y LOW EAST SIDE.

En la ciudad de Nueva York nos encontramos con dos ejemplos dispares. Por un lado la transformación del Soho neoyorkino fruto de una gentrificación espontánea  y por otro,  el Low East Side en Manhattan, donde se produjo una respuesta contra la transformación del distrito. Para ello se llevó a cabo la acción (por parte de los artistas que se trasladaron al nuevo barrio) llamada “ABC no Rio” consistente en la ocupación de un edificio para la exposición de obras relacionadas con la gentrificación. (Actualmente la revalorización del suelo es de un 2000% del precio inicial).

C)     HAMBURGO.

El caso de Hamburgo tiene similitudes con el Low East Side. Los artistas reaccionaron ante  el riesgo de la reconversión del barrio realizando distintos tipos de acción artística en los que se denominó “Park Fiction”, consiguiendo finalmente paralizar las transacciones de inversión privada.

D)    MADRID.

Entre muchos ejemplos, cabe destacar el “caso Triball” o la metamorfosis del barrio de Malasaña en un distrito de marca, mediante la privatización del espacio público, la cementación del suelo para un mayor control y la transformación del sector terciario, entre otros factores.

ACCIONES.

Left Hand Rotation  tiene un largo historial de proyectos y acciones en distintos países (Holanda, Brasil, Alemania, Colombia, Portugal, etc) que ponen en el ojo de la diana los cambios producidos por las estrategias de gentrificación en lugares concretos. Retomando el ejemplo de Triball, se llevó a cabo una acción relacionada con los cierres de los Cines Luna, elaborando una cartelera ficticia como planteamiento simbólico de la degradación del barrio y  simulando, además, su reapertura. Paralelamente, el colectivo “Todo por la Praxis” produce un mapeado del barrio de Malasaña enfrentándolo con el actual mapa del “nuevo” barrio Triball.

Otras acciones llevadas a cabo por Left Hand Rotation plantean, como en el caso de Sao Paulo (Brasil), el riesgo inminente de desaparición de distritos enteros. Para ello y en constante contacto e interacción con los habitantes originarios (algo recurrente en todos los trabajos de este colectivo), estructuran las fases de trasformación a través de pegatinas de distintos colores que colocan en comercios y viviendas. Como síntesis, se reproduce un mapeado, estructurando las zonas según los colores, dando una clara idea de las pautas temporales por las que se rigen instituciones e inversores al modificar el espacio urbano.

Estos trabajos y muchos otros están incluidos en la plataforma on-line “Museo de los Desplazados”, un lugar de documentación y registro de lo que se pierde en el proceso de gentrificación.  Agrupando distintos tipos de registros (como el fotográfico o el sonoro), formas de representación, datos o documentación (bibliografía, artículos, cómics, vídeos, cine, etc.) estudian qué elementos específicos y herramientas se utilizan en un proceso desarrollado en un ámbito local pero de escala global.

Colectivos como el de Left Hand Rotation nos ayuda a entender y a posicionarnos, desde el trabajo creativo, en dinámicas que silenciosamente transforman profundamente bases de convivencia, lugares e imaginarios en elementos de consumo experiencial. Ahora entendemos (y muy bien, gracias a Left Hand Rotation) por qué Gentrificación no es un nombre de señora.

Nadia Martín

Alumna BBAA UCM

Por dos euros le compré un walkman a un hombre que vendía objetos “usados” en Puente de Vallekas, donde vivo. Tenía un taller sobre electromecánica aplicada y no había conseguido ningún motor todavía. Al abrirlo un montón de rueditas dentadas se empujaban unas a otras generando movimientos circulares. Te hipnotizaba. Otros compañer@s habían llevado todo tipo de cacharros como  batidoras, móviles, una impresora, un teclado, un tocadiscos. Alfredo Morte nos iba explicando sus tipos de corriente, los componentes de los circuitos y sus posibilidades, la forma de manipularlos, las precauciones que debíamos tener, y así, entre amperios y voltajes convertimos una gran mesa, en la sala de exposiciones de la facultad, en un deshuesadero de aparatos que alguna vez fueron útiles y apreciados, para cambiar radicalmente sus vidas.


Así, jornada tras jornada, mecanismos fruto de la imaginación de estudiantes de bellas artes saludaron al mundo con sus movimientos repetitivos y onanistas. Seres electromecánicos con funciones tan increíbles como ridículas. Después de intentar describirlos varias veces, infructuosamente, prefiero invitarlos a que vean el video. Yo por mi parte convertí el movimiento del motor del walkman en una atracción de sillas volantes de un parque de diversiones miniatura. Suena mejor de lo que quedó. Pero bueno, lo más importante fue desbaratar todos esos cacharros y ver ese mundo de movimiento y energía e… imaginar.

Alexander Ríos

http://alexanderrios.wordpress.com/

La ferranadriacización provoca estupefacción
Ferrán Adriá está considerado como un innovador por que es una persona que ha sido rupturista en su campo: ¿los restaurantes tienen carta? pues yo la quito; ¿las comidas se organizan en tres platos? pues yo doy sesenta; ¿en la restauración tradicional hay dos turnos?, pues yo solo voy a dar cenas…..Poco a poco, este alto nivel de innovación ha ido consiguiendo que le interese más la parte de diseño que el de la producción, que le interese más estar pensando en la preparación de las experiencias estéticas que provoca que en su ejecución, que en la implementación de dichas experiencias….Así que ha decidido dar en su vida otro giro disruptivo: ha cerrado su restaurante para dedicarse por entero a la creación y a la divulgación. El Bulli se está convirtiendo en un centro de investigación desde el cual, a través de las tecnologías más punteras, Ferrán y su equipo enseñarán al mundo entero lo que antes permanecía oculto.
Para explicar este giro a gran escala Canal+ contactó con la facultad de Bellas Artes para grabar un mini documental: los productores de CreAcción y el propio Adriá buscaban un formato de programa diferente alejado de la típica lección magistral donde el experto llega y suelta su charla. La  selección general de los participantes corrió por parte de Canal+ (eligieron estudiantes de BBAA/UCM, Medialab y del IED) mientras que el diseño de la arquitectura pedagógica del evento corrió por mi parte (María Acaso) y la coordinación por parte de Extensión Universitaria. La Trasera se dividió en tres espacios diferenciados: uno dedicado a calentar motores en el que se sirvió un desayuno, otro dedicado a establecer una conversación en el que se distribuyeron varios sofás en círculo y muchas alfombras y un tercer espacio de clausura donde en diferentes platos de colores cada asistente escribió una idea con la que se resumía la experiencia.
Ferrán habló sin parar y dijo cosas muy interesantes como lo importante que es conceptualizar los descubrimientos o la idea de que la innovación es inseparable de la eficacia técnica, pero dejo poco espacio para que otras personas dieran su visión sobre la innovación, la experiencia estética, y la creatividad temas en los que todos teníamos mucho que decir. Sinceramente creo que Adriá no sabía con quien estaba compartiendo su tiempo y hubiera aprendido mucho en el caso de que hubiese propiciado espacios de escucha.  A pesar de esto, fue una experiencia muy rica (jajajaja) y la primera vez en que un personaje de estas características hipermediáticas visita la facultad (a excepción de Santiago Segura claro). Esperemos que cuando se emita el programa a finales de Diciembre su director, Gonzalo Cabrera, nos de el espacio que merecemos.
María Acaso
Didáctica de la Expresión Plástica
El miércoles 16 de noviembre en la sala de exposiciones de la facultad tuvo lugar Artichects, una conversación sobre arte y arquitectura y sobre la posibilidad de trabajar en colaboración entre estas dos disciplinas.
La escultora Esther Pizarro nos mostró su proyecto para la fachada del Palacio de Exposiciones y Congresos de Mérida en donde trabajó conjuntamente con el arquitecto Nieto y Sobejano. Esther realizó un relieve en hormigón que representa la trama cartográfica de ciertos fragmentos de la ciudad. Fue interesante ver como, tanto Sobejano entendía la necesidad de contar con el apoyo de una artista en la construcción de su edificio, y como a su vez Esther, ponía su creación plástica en función de una obra arquitectónica de carácter utilitario.
Por otra parte el arquitecto Uriel Fogué nos mostró el trabajo realizado por su agencia de arquitectura, la cual trasciende la construcción misma de edificios, en su oficina se realizan proyectos de investigación, de filosofía y de docencia, e incluso se hace una publicación que reflexiona sobre temas de arquitectura. Uriel nos mostró muchos de los proyectos que ha hecho para clientes artistas o instituciones vinculadas al mundo del arte. Por ejemplo el proyecto Star Ware House desarrollado en colaboración con la artista Alicia Framis, una casa en el espacio donde no hay gravedad, no hay un arriba ni un abajo, no hay perchas, ni mesas donde poner los objetos y donde se puede tomar la siesta gravitando por toda la casa. Proyecto que aunque no puede construirse, hace posible la reflexión sobre el hecho de habitar el espacio.
A partir de la presentación de estos trabajos surgió la pregunta de si estos proyectos eran realmente colaborativos; pues si bien, en el caso de Uriel Fogué parecía haber una evidente retroalimentación entre el artista y el arquitecto, el proyecto de Esther Pizarro parecía más un ejemplo de cómo un arquitecto comisiona a un artista para que diseñe el revestimiento de un edificio. La pregunta quedó abierta y las posibles respuestas sugieren otras preguntas. ¿Hasta dónde, en el caso de Fogué, el artista es un cliente más con unas necesidades específicas como las que puede tener cualquiera que manda a hacer su casa a un arquitecto?. O en el caso de Pizarro, ¿qué nivel de dialogo y negociación se entabla realmente entre artista y arquitecto en la realización de una fachada para un edificio ya previamente diseñado por el arquitecto?
Mas allá de estos cuestionamientos, es interesante pensar en este tipo de proyectos interdisciplinarios y como las artes plásticas y la arquitectura son prácticas que tienen unos bordes cada vez menos definidos, que se pisan los talones y que se retroalimentan constantemente. Disciplinas que han permanecido aisladas durante siglos, pero que en ocasiones parecen acercarse, tener preguntas similares y donde las herramientas que tienen unos y otros pueden potencializarse cuando se trabaja conjuntamente.

Margarita García Martínez, 2011

MAC/I

margaritagarcia.net

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