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Exposición

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Iceberg (parte 1)
El lunes 12 de noviembre a las 18:30 Ignacio Chávarri y Bernardo Sopelana, los comisarios de Iceberg, hicieron una visita guiada de la exposición, parece que el proyecto ha despertado un gran interés pues fuimos bastantes los visitantes que asistimos.
Últimamente encuentro que se ha vuelto común relacionar fenómenos geológicos o geográficos con procesos artísticos, además cada vez más se piensa el comisariado como una forma de ‘cartografiar’ un territorio. Iceberg se define como un proyecto que reflexiona en torno al contexto actual de la creación artística madrileña. Un Iceberg como un témpano de hielo flotante que se ha desprendido de un glaciar, ¿cómo abarcar un lugar tan complejo como Madrid en una exposición de 17 artistas? Un Iceberg como un objeto que navega solitario en medio del océano, ¿es verdaderamente posible configurar una mirada común? Un Iceberg como un bloque hermético, compacto pero que igual terminará por deshacerse.
Nos cuentan los comisarios que un iceberg es imposible de cartografiar, el iceberg es cambiante, su forma va mutando y su ubicación va cambiando a medida de que se desplaza. Pero también un iceberg solo revela en la superficie una mínima parte de su volumen. De alguna forma esta imagen sirve a los comisarios como metáfora de lo que ha sido concebir una exposición como ésta, ellos invitan a varios artistas que consideran apropiados, conocen su proceso y su trayectoria, y cada uno de ellos desarrolla una obra especialmente para la exposición. El resultado de todos modos es imprevisible, vemos obras autónomas en si mismas, que hacen parte del universo propio de cada artista, obras que aparentemente no tienen mucho en común pero que, en conjunto, intentan conformar una mirada.
La exposición pretende definir un contexto que se sabe de antemano inabarcable, hablar de lo que sucede en Madrid en un momento específico en que están sucediendo tantas cosas resultaría una labor titánica (de hecho el Titanic se estrelló con un iceberg), un contexto tan complejo y variado como el madrileño no se puede condensar en 17 obras, esto lo sabemos todos, igualmente tratamos de ver qué puntos tienen en común estas piezas. Esta es una exposición de una generación de artistas jóvenes, que empiezan a tener cierta visibilidad. De artistas que la mayoría estudiaron en nuestra facultad y que viven en Madrid, podríamos intentar encontrar unas líneas temáticas comunes, aunque a primera vista no sea tan evidente.
Por una parte, los artistas son relativamente jóvenes pero sus discursos y técnicas no distan tanto de los usados durante la últimas décadas, casi todas las obras podrían haberse hecho en cualquier lugar del mundo, apelan a imaginarios universales, a excepción quizás de los trabajos de Cristina Llanos y Françoise Vanneraud, dos artistas que trabajan con situaciones reales del contexto de la ciudad. La obra de Llanos recrea una banca de un parque de Madrid que sus habitantes reubicaron para poderse reunir, y la obra de Vanneraud consiste en una instalación de dibujos hechos a partir de testimonios de los habitantes de Tetuán.
El imaginario de la ciencia aparece en obras como las de Carlos Fernandez-Pello, o Julio Adán, sus obras parecen experimentos científicos que tras el artificio técnico dejan entrever un lado poético y nostálgico. En el caso de Almudena Lobera o Teresa Solar las artistas reflexionan en torno al punto de vista del observador, invitan a pensar sus obras como escenografías que la mirada fija del espectador no puede abarcar.
Es de resaltar que tres de los artistas trabajan pintura de gran formato, me gusta encontrar este retorno a la pintura, ya que en el tiempo que llevo viviendo en Madrid no he visto ninguna exposición de artistas jóvenes que pinten, sin embargo en la facultad veo a muchos estudiantes pintando con entusiasmo. El trabajo de Nacho Martín Silva Nada volverá ser como antes, un retrato familiar destruido a hachazos en el suelo, o la pintura de Luis Vasallo La inauguración y la serie de cuadros de José Díaz son trabajos pictóricos que reflexionan y cuestionan la pintura misma como objeto y como forma de representación, sin dejar por ello de estar cuidadosamente trabajados y ser muy agradables visualmente.
Si bien intento sugerir lazos de unión entre algunos trabajos, cada visitante hará relaciones diferentes a partir de su interpretación y sus gustos. ¿Son estas obras reflejo de lo que está sucediendo actualmente en nuestro entorno? ¿O cada artista construye un universo propio al margen de su contexto? Pienso que Iceberg es un proyecto muy valioso para el escenario cultural madrileño, es maravilloso que los artistas hayan contado con un presupuesto y total libertad para desarrollar sus trabajos; sin embargo me pregunto cómo se configura la curaduría alrededor de estas obras tan diversas y autónomas. ¿Es válido negociar contenidos entre artista y comisario en aras de construir un discurso común? ¿Cómo se pueden entender estos trabajos en conjunto? ¿Dialogan verdaderamente entre si?
El 3 de diciembre el equipo de Iceberg y varios artistas de la muestra vendrán a La trasera. Espero que sea una buena oportunidad para volver a entrar en diálogo con este proyecto que muestra el trabajo de artistas que en su mayoría han estudiado en la facultad y que han encontrado la forma de abrirse campo en la escena artística madrileña.


Margarita García


Estudiante del Master en Investigación, Arte y Creación de la Facultad de BBAA de la UCM


margaritagarcia.net

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www.bellasartes.ucm.es/iceberg

entornoaiceberg.tumblr.com/

El taller tiene como objetivo crear una instalación/intervención artística colectiva en los jardines de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Se nos propone recuperar un espacio deteriorado y abandonado creando piezas que sientan, escuchen y dialoguen con el entorno del edificio de la facultad. La intervención será sutil y delicada, para que nos traslade a un jardín botánico, esto es a un jardín valorado, mimado, apreciado, catalogado. Y ello mediante la creación de “piezas cartela”, las cuales evocan y rememoran la esencia de los jardines custodiados.


Creatividad colectiva que reflexiona sobre la construcción del territorio como paisaje cultural, montaje de infinitos fotogramas, producto de múltiples formas de mirar, donde interviene la dimensión intermitente del tiempo, vivencia esta, incrustada en el concepto de espacio, indisolublemente ligados ambos.


Partiendo de los postulados de la estética más reciente, donde definitivamente se invalida el concepto del arte como imitación de la naturaleza y como mímesis de la realidad, del que somos herederos desde Platón y Sócrates, nos hemos enfrentado al concepto de naturaleza “artificial”, de naturaleza “antropizada”.

De la mano de Mark Dion, Olafur Eliasson, Bleda&Rosa, Ibon Aramberri, y la propia artista que imparte el taller, Bárbara Fluxá, nos hemos acercado a la radical transformación que ha vivido el género artístico del “paisaje” desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.


Hemos recorrido caminos de conocimiento, cercanos y cotidianos, pero con una nueva mirada: conceptos como tiempo, espacio, cartografía, ecología, naturaleza, arqueología, industria, huella, memoria, olvido nos han sido nuevamente revelados, abriendo nuevos horizontes para pensar, en definitiva para crear, con la ayuda de magníficos conocedores de estos “territorios”: Paul Ricouer, Michel Foucault, Walter Benjamin, Henri Lefebvre, o David Harvey, entre otros.


Así, hemos intentado integrar conceptos y objetos que muestran nuestra reflexión sobre las estrategias de acercamiento y uso del espacio que nos rodea en la Facultad Bellas Artes: queremos rescatar la identidad del jardín, y cada uno lo ha hecho con una mirada distinta.


Por otra parte, el aprendizaje de las tareas inherentes e implicaciones económicas y relaciones sociales que significa una exposición, ha constituido una parte importante del propio taller. El proceso de diseño, montaje, elección de proveedores, solicitud de permisos, selección de los materiales de construcción de las obras, divulgación y publicidad de la instalación, imagen corporativa, producción del cartel/mapa, diseño del blog, etc, han sido objeto de trabajo y dedicación, ocupando el espacio que se merecen, pues son elementos que forman parte del proceso creativo.


El taller terminó pero no así la actividad que continúa con el blog espacio-cartela (http://espacio-cartela.blogspot.com.es/) y con la intervención en el jardín de la facultad. La instalación la hallaréis en el jardín de Bellas Artes desde el 19 de abril hasta el 19 de junio.

http://espacio-cartela.blogspot.com.es/

http://www.bellasartes.ucm.es/paisaje

Arrancar

Para la mayoría de ellos era su primera exposición. Estudiantes de 1º de grado de bellas artes comenzando a mostrar su trabajo. Exponer, exponerse. Leeré el título arranques como el inicio en ese camino profesional que recorren los artistas.  Cuando dejas de ser el único espectador de tu obra y decides colgarla en un lugar público, invitas a mucha gente para que la observe, la juzgue y en el mejor de los casos, la compre.  Pues bien, gracias a la iniciativa del profesor José Enrique Mateo León quien les dictó Pintura I, y con la colaboración de otros profesores como Selina Blasco, Víctor Hernández Zarza y Enrique Domínguez, cada uno apoyando desde su asignatura, se desarrolló este proceso artístico práctico, que partió con la visita de la exposición colectiva Invisibilidad y Descontrol en la Galería Fernando Pradilla.

Muñecos enjaulados, fotos de viejitos, una proyección de lluvia sobre ropa colgada, un cuadro de una silueta negra, rostros desfigurados, la pintura de una mujer que se acerca a ver por la mirilla con un cuchillo en la mano, todas obras muy diferentes entre sí que se relacionan, cada una a su manera, con la idea de Invisibilidad y Descontrol. 15 obras, 15 historias, resultado de este proceso reflexivo entre lo académico y lo profesional que en vez de motivarme a juzgarlas críticamente me hicieron más bien comprender que detrás de ellas había una gran iniciativa por parte de un profesor, y un ejercicio artístico hecho por estudiantes, ya finalizado, pero que a su vez era también un gran comienzo.

alexander ríos

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Que el ser humano es un animal especial tiene su razón en la capacidad intelectual para entender y moldear aquellos procesos naturales que son comunes para todas las especies. Nuestro desarrollo cerebral nos permite entender, asimilar y, a su vez, modificar y utilizar los resultados en nuestro propio beneficio. Sencillamente somos seres razonables.

Es por ello que el sexo, su sola mención, enciende todas nuestras alarmas internas, agudizando todos los sentidos. Nuestra naturaleza juega un papel esencial, la necesidad instintiva de procrear, pero no se queda ahí. Somos conscientes de su disfrute. Sabemos el placer del sexo. Es imposible sólo pensar en el acto sexual como simple forma de apareamiento, tampoco podemos quedarnos sólo en el ritual, pues éste es también propio de los habitantes de este planeta. Hemos conseguido razonar el sexo como algo satisfactorio culturalmente, como hito de las relaciones sociales, como demostración de nuestras pasiones. Conocemos su enorme poder, y por eso ha sido y es en muchas regiones del planeta, un tema tabú.

Nuestra contemporaneidad, nuestra apertura hacia el entendimiento antropológico después de conocer nuestra evolución nos ha permitido librarnos de molestos prejuicios y ahondar en un tema cada vez menos peliagudo. Tanto es así, que incluso me atrevería que hablar de sexo en libertad es sinónimo de modernidad social. Abrir nuestros sentidos en post de una normalización de algo absolutamente natural supone un hito cultural, propio de sociedades occidentales, libradas de prejuicios inciertos, achacados a tradicionales creencias que en pleno siglo XXI y en ciertas regiones, se desmoronan por su propia incapacidad.

Sexo implícito/explícito versa en torno al poder de la imaginería en cuanto al sexo se refiere. Durante algo más de una semana (del 3 al 11 de noviembre de 2011), la Sala de Exposiciones de la Facultad de Bellas Artes de Madrid ha acogido una colectiva de jóvenes artistas que arman un discurso basado en la escenografía sexual, que en realidad hablan de un ámbito privado y a la vez público, una contradicción del sexo actualmente, como acto íntimo y a su vez digno de ser compartido. La muestra, comisariada por Miriam Garlo y Toya Legido, en el marco del programa acciones complementarias que coordina el Vicedecanato de Extensión Universitaria se inauguró con la performance de Julia R. Gallego, homónima a la exposición. El recorrido presenta la visión de artistas jóvenes, que a través de diferentes medios, como la video instalación o la fotografía reflexionan sobre el imaginario colectivo del sexo, tan recurrente en el mundo actual, plagado de rápidas imágenes, donde hemos perdido gran parte de aquella sensibilidad de los rombos rojos.

En una exhibición de luces y sombras, donde no todo reúne lo suficiente, también hay piezas destacables, como las flores sabiamente delicadas de Pilar García Campo o la visión de una cisterna, testigo diario de relaciones homosexuales, captada por el objetivo de Jorge Pérez Higuera. Aunque no todas las obras se entienden en el contexto, la colectiva consigue la difícil tarea de continuar un discurso sin demasiados sobresaltos, y aunque la sensación general no es genial, no deja de ser una muy buena reunión de obras capaces de dialogar entre ellas sin demasiados malentendidos, ayudadas quizás por las buenas formas (cargadas de humor y sencillez, una mezcla perfecta) de Pablo Corbalán.

Siempre es interesante conocer la visión de jóvenes que han decidido soportar la responsabilidad de reflejar la contemporaneidad a través del arte, de un viejo paradigma recurrente en toda la Historia del Arte, el sexo y su representación. Desde luego la tarea no es fácil, y eso se nota.

Juan Jesús Torres, 2011.

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