El Poema

Un viernes de octubre por la mañana transcurre el primer encuentro en La Trasera de la Facultad de Bellas Artes, con motivo del taller El poema: instrucciones de uso. Unos dieciséis asistentes rodeamos una gran mesa y otras tantas lámparas encendidas en forma de globo cuelgan sobre nuestras cabezas, no amenazantes sino conciliadoras. Tras una amable bienvenida por parte del Vicedecanato de Extensión Universitaria (supongo que amable, porque que he llegado tarde), nos presentamos uno tras otro explicando por qué hemos querido acercarnos a este curso: unos no sabemos, otros sentimos que la poesía pone orden en nuestras ideas, otros en el alma, otros queremos juntarla con la música, y otros carraspeamos lo justo.
José María Parreño es el maestro de ceremonias y teme desbocarse leyendo sus textos favoritos, sin embargo hoy es comedido y la dosis moderada: Neruda se autorretrata, es tonto de capirote y de vientre creciente, Jaime Gil de Biedma pone las instrucciones del juego de hacer versos -que no es un juego-, y el propio Parreño nos avisa de que un verso es un surco del arado, nos aconseja dejar que el poema imponga su ley sobre nosotros (al escribirlo, ¿aunque quizá también al leerlo?), y nos recuerda que “un poema corre siempre el riesgo de no tener sentido”, según escribió Jacques Derrida.
Aceptando el pacto de escribir en verso durante dos meses y medio, este grupo de desconocidos asume el reto de crear para la próxima sesión el poema de amor ideal (ideal el poema, no el amor, se entiende) y si cae un autorretrato. Para el poema de amor se han propuesto más de ciento cincuenta palabras entre todos y se han votado a mano alzada como si unas fueran más poéticas o mejores que otras. Mejores o peores, estas palabras animan nuestras caras despistadas, tímidas, expectantes, nos reímos, y así desfilan sobre la mesa la honestidad transparente, la condensación veloz, la sorpresa de garrapatas, una serenidad apagada, colores mundanos y temporales, la mar de mares y algunos abrazos cansados de manicomios. Nuestros versos tendrán un lugar a través del blog http://elpoemaucm.blogspot.com.es. Hay una semana por delante y en el próximo encuentro nos habremos acercado más a la poesía.
En realidad ya estábamos cerca, sólo que ahora tendremos los ojos un poco más abiertos para darnos cuenta.

Texto: Rodrigo Martín Munuera

www.bellasartes.ucm.es/el-poema

elpoemaucm.blogspot.com.es/

Os dejamos a Jose María Parreño recitando poemas apocalípticos en una sesión de La Colonia: http://www.bellasartes.ucm.es/la-colonia

Vídeo: La Colonia

2ª Sesión

Poemas de amor y autorretratos.

Era viernes 26 de octubre y el frío acababa de llegar a Madrid. Por
segunda semana consecutiva tiene lugar el encuentro de “El poema” en
La Trasera, después de haber aceptado, en mi caso y el de otros
cuantos, la clásica pelea interminable a la que te retan las
fotocopiadoras. Miradas expectantes en torno a la mesa y sumergidos en
el ambiente tranquilo de la luminosa sala dimos comienzo a la lectura
de los primeros poemas.

Avanzaba la mañana mientras distinguíamos entre el baile de las frases
cada una de las palabras propuestas la semana anterior, pero aunque
sus sonidos fuesen los mismos ya no se asemejaban a palabras dichas al
azar ni se cerraban a un significado único, si no que convergían y se
unían con otras creándose nuevos matices. Ésa es la magia de las
palabras: Ser capaces de llegar a representar algo distinto para cada
poesía, para cada una de las distintas historias que contaban nuestras
voces. Son ellas las que pueden rasgar viajando con los dedos con sólo
proponérselo, nosotros los que sabemos cómo darles esa libertad y
ellas las que saben cómo dárnosla a nosotros. Nos internamos así en
diferentes mundos que nos llevaron a revivir un dulce recuerdo que no
hemos vivido, en el desasosiego y el cansancio que no querríamos vivir
o en la mera sencillez de amar.

Pasamos a la temática del autorretrato con la correspondiente
complejidad que conlleva el planteamiento del definirse a sí mismo. Al
de Adam Zagajewski le siguieron el de Nicanor Parra o los directos
versos de un jubilado anónimo. De entre nosotros tan sólo uno se
atrevió a hacerlo, retratándose de forma muy original como el conjunto
de características de los poetas en los que se veía él. Les llega
ahora el turno a las figuras retóricas, y nosotros nos dilucidamos con
la repetición de la anadiplosis, el llevar más allá de las metáforas,
los sonidos de las aliteraciones, descubriendo frases que resultaron
ser anáforas, contundentes pleonasmos, paranomasias paranormales o con
la paradoja de querer definir una paradoja, los juegos de palabras
surgidos del calambur y la jitanjáfora de ese capítulo de Rayuela
escrito en glíglico (¡Era el 68!) donde Julio Cortázar nos cuenta cómo
hacían todo lo sólo enunciable en un cuerpo.

De esta forma dimos por concluida la sesión proponiendo buscar y
escribir poemas que giren alrededor de la cocina como temática para la
semana próxima, y con José María Parreño confesándonos haber
conseguido romper por completo con sus esquemas, ya que al parecer el
(aparentemente) infalible método de hacer poemas resultaba no ser tan
infalible como nos dijo. Aunque, claro está, con diccionarios como el
de Hannah ya se sabe: escribir poesía es posible.

Texto: Mari Nieves Vergara Vázquez.

Capítulo 68 de Rayuela:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: