ARTICHETS

El miércoles 16 de noviembre en la sala de exposiciones de la facultad tuvo lugar Artichects, una conversación sobre arte y arquitectura y sobre la posibilidad de trabajar en colaboración entre estas dos disciplinas.
La escultora Esther Pizarro nos mostró su proyecto para la fachada del Palacio de Exposiciones y Congresos de Mérida en donde trabajó conjuntamente con el arquitecto Nieto y Sobejano. Esther realizó un relieve en hormigón que representa la trama cartográfica de ciertos fragmentos de la ciudad. Fue interesante ver como, tanto Sobejano entendía la necesidad de contar con el apoyo de una artista en la construcción de su edificio, y como a su vez Esther, ponía su creación plástica en función de una obra arquitectónica de carácter utilitario.
Por otra parte el arquitecto Uriel Fogué nos mostró el trabajo realizado por su agencia de arquitectura, la cual trasciende la construcción misma de edificios, en su oficina se realizan proyectos de investigación, de filosofía y de docencia, e incluso se hace una publicación que reflexiona sobre temas de arquitectura. Uriel nos mostró muchos de los proyectos que ha hecho para clientes artistas o instituciones vinculadas al mundo del arte. Por ejemplo el proyecto Star Ware House desarrollado en colaboración con la artista Alicia Framis, una casa en el espacio donde no hay gravedad, no hay un arriba ni un abajo, no hay perchas, ni mesas donde poner los objetos y donde se puede tomar la siesta gravitando por toda la casa. Proyecto que aunque no puede construirse, hace posible la reflexión sobre el hecho de habitar el espacio.
A partir de la presentación de estos trabajos surgió la pregunta de si estos proyectos eran realmente colaborativos; pues si bien, en el caso de Uriel Fogué parecía haber una evidente retroalimentación entre el artista y el arquitecto, el proyecto de Esther Pizarro parecía más un ejemplo de cómo un arquitecto comisiona a un artista para que diseñe el revestimiento de un edificio. La pregunta quedó abierta y las posibles respuestas sugieren otras preguntas. ¿Hasta dónde, en el caso de Fogué, el artista es un cliente más con unas necesidades específicas como las que puede tener cualquiera que manda a hacer su casa a un arquitecto?. O en el caso de Pizarro, ¿qué nivel de dialogo y negociación se entabla realmente entre artista y arquitecto en la realización de una fachada para un edificio ya previamente diseñado por el arquitecto?
Mas allá de estos cuestionamientos, es interesante pensar en este tipo de proyectos interdisciplinarios y como las artes plásticas y la arquitectura son prácticas que tienen unos bordes cada vez menos definidos, que se pisan los talones y que se retroalimentan constantemente. Disciplinas que han permanecido aisladas durante siglos, pero que en ocasiones parecen acercarse, tener preguntas similares y donde las herramientas que tienen unos y otros pueden potencializarse cuando se trabaja conjuntamente.

Margarita García Martínez, 2011

MAC/I

margaritagarcia.net

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